19 AL 21 DE OCTUBRE DE 2018

GRAN HOTEL CIUDAD DE MÉXICO | CDMX, MÉXICO

Jornadas NEL

Jornadas NEL

 

LaLeo # 26

Editorial

Gladys Martínez
 

En un tempo presto y allegro, la cuenta regresiva marca 39 días calendario para la realización de las X Jornadas de la NEL. Por ello, estos boletines preparatorios van tomando un pulso más vivace, uno que da cuenta del trabajo de Escuela transitado en carteles y comisiones que va llegando a su recta final, anudado a la alegría que produce la cercanía del encuentro. A este LaLeo #26 han llegado dos valiosos aportes que nutren los ejes epistémicos. Por un lado, Jaime Castro, en Signo de interrogación nos propone de entrada  la escritura ¿locura materna? como una interpretación en sí misma. Interpretación que  en su caso le lleva a detenerse en dos momentos diferenciados para una mujer, como lo son el embarazo y el parto, a la luz de las tres dimensiones del hablante ser: simbólico, imaginario y real. Por otro lado, Julieta Ravard, pone el foco del estrago materno bajo el lente del lazo transferencial en su texto El estrago materno, bajo transferencia. Allí se interroga ¿Cuándo entonces esta relación madre-hija se convierte en una relación que daña al sujeto en su subjetividad, en su relación a su cuerpo, en sus vínculos más íntimos? Interrogante al que plantea que el pasaje por la castración, separación del objeto y su relación a la falta,  se transforma en una compleja operación donde lo que emerge es el exceso, no la falta, y la relación al objeto de la pulsión oral sin límite. Desembocando esto en una niña es-tragada que vale la pena explorar.

Para la sección DialogArte, Carolina Puchet hace una lectura del capítulo Arkangel de la célebre serie Black Mirror, desde la perspectiva de la angustia, como falta de la falta, y la exacerbación de un goce excesivo que arrasa cualquier posibilidad de deseo femenino. Lectura que produce un formidable bucle hacia los dos textos iniciales del boletín. 

Y para finalizar, y como contrapunto al tempo destacado, nos faltaba un tango en la querida sección Acompañamiento musical. Recibimos el aporte de Edgar Vázquez, en la voz del irrepetible Gardel, que transita esas cadencias nostálgicas de arrabal, tanto en música como en texto de populares y, a la vez, singulares aseveraciones dependiendo de la puntuación: Madre hay una sola. A un paso de nuestro encuentro, este tango, danza-abrazo, resuena como provocación para que en cada giro, torsión y deslizamiento se pueda hacer de ese volver un paso decidido a elucidar un poco más y avanzar.

 

Les deseamos una buena audición y una buena lectura.

 

Comisión de Boletín LaLeo 

Ana Viganó (responsable) María Victoria Clavijo y Gladys Martínez. 

Con la colaboración de Fernando Eseverri, Rosana Fautsch y Cintyha Estrada Plançon

 



En este número:

1. "Signo de interrogación"
Por: Jaime Castro. Miembro NEL-Cali


2. "Estrago materno bajo transferencia".
Por: Julieta Ravard. Miembro NEL-Caracas

3. DialogArte
Arkangel: angustia y goce de una madre.
Por: Carolina Puchet Dutrénit. Miembro NEL- Ciudad de México

4. Acompañamiento musical.
"Para ella soy siempre un niño..."
Tema: Madre ha una sola de Carlos Gardel
Por:  Edgar Vásquez. Asociado NEL-Ciudad de México

 


EJE 3: ¿Locura materna?


Relieve del antiguo Egipto sobre el parto


"Signo de interrogación"
Por: Jaime Castro. Miembro NEL-Cali

Que el título dado al eje ¿locura materna? sea una pregunta, es en sí misma una interpretación, incluso diría, contiene una orientación a tener en cuenta, a no ser descartada.  Si están los signos de interrogación es porque se contraponen a otras opciones, por supuesto posibles también, como por ejemplo, una afirmación "Locura materna" ó una admiración ¡Locura materna! Estos signos de interrogación enmarcan, entonces, en el enunciado a estos dos significantes "locura" y materna", precisamente para romper lo universal de una sola significación que nos lleve a pensar que toda maternidad es loca.  Es, por lo tanto, la introducción, desde el título, de la lógica del No-todo, una lógica femenina, psicoanalítica, para estudiar lo materno y sus derivaciones. Si bien hay madres locas, no todas lo son. Y de otro lado, interroga lo loco que puede haber en la maternidad. 

El embarazo

El estado de embarazo, para una mujer, implica una transformación en el tiempo, el espacio y, especialmente en el cuerpo, de las referencias simbólicas, imaginarias y a nivel de lo real, con las que se organizaba su subjetividad.  Se trata, pues, de un estado temporal que cambia el ritmo psíquico y biológico de una mujer, más aún cuando se trata de su primer embarazo. 

Es en ese sentido, que puede considerarse un estado crítico que implica el paso de una condición de hija a la de madre, y en donde para cada una se juega la pregunta por dónde asirse para ese paso y asumir ese nuevo estado.  La referencia a la propia madre parece inevitable con valores identificatorios que pueden ser positivos o negativos, es decir, que la experiencia con su madre puede ser la raíz de donde prenderse para atravesar este momento inédito en su vida. También puede ser el polo opuesto, el referente para no ser así como su propia madre.

A nivel simbólico, tenemos la inscripción de este estado para cada una en su campo de representaciones, entre sus ideales, en sus valoraciones culturales. No es igual la representación social del embarazo para una mujer y su entorno, si ella es de un sector deprimido socioeconómicamente, o si es la esposa del heredero del trono de una monarquía.

A nivel de la imagen del cuerpo, también hay profundas transformaciones que pueden ser vividas de variadas maneras de una mujer a otra. En una época donde en nuestras ciudades se valora en exceso una figura esbelta y estándar de cuerpo para la mujer, para algunas de ellas, los cambios en su cuerpo pueden significar una profunda herida narcisista que las saca del circuito de las mujeres deseables.

Otra cosa es lo que se juega a nivel de lo real, en donde las transformaciones del embarazo entran en juego como cuerpo gozante, cuerpo pulsional en el que se manifiestan transformaciones en la investidura libidinal.  Habría que interrogar, caso por caso, los movimientos libidinales que se dan en cada mujer en su embarazo porque también puede escucharse a mujeres que no logran reinvestir libidinalmente ese cuerpo que se transforma y ese hijo que se gesta en su cuerpo,  como si se diera una especie de rechazo a eso inédito que está sucediendo en su corporalidad.  Por el contrario, para otras mujeres puede ser a nivel libidinal, un estado de mayor exaltación narcisista al punto que algunas pueden referirse al mismo como su "estado ideal" o el estado en el que se sienten "verdaderamente llenas". 

Desde Freud, sabemos que la libido es móvil, se puede desplazar para investir a los objetos o retirarse de ellos y volcarse sobre el propio cuerpo.  Es importante retomarlo porque el estado de embarazo también moviliza para una mujer sus relaciones objetales, bien sea para darle lugar a su partenaire como objeto libidinal o también, en otros casos, para alejarse de él como efecto de la concentración de la libido en sí misma.

Como quiera que sea, la cuestión es preguntarse por el investimiento libidinal que la mujer hace de ese nuevo cuerpo que se transforma y del nuevo objeto que se está gestando en su cuerpo.  Nuevo objeto que tiene la particularidad de que está en su cuerpo, lo que conlleva también a hacer el proceso de investirlo tanto como objeto propio como un objeto separado de sí misma. Aquí entran en juego la incidencia que tiene para cada mujer a nivel de lo real, las transformaciones que también va teniendo su hijo en el embarazo con su crecimiento, sus movimientos fetales, es decir, los efectos que va produciendo en el cuerpo de la madre.  

También en este punto conviene considerar los efectos que para cada mujer tiene la intervención médica tanto en lo que concierne a la palabra del profesional que la acompaña como a nivel de las técnicas actuales de control del embarazo. ¿Qué incidencia tiene el desarrollo técnico de la imagenología médica en el investimiento libidinal del hijo en gestación como objeto real?  Hoy en día, ya no se trata exclusivamente de imaginarse al niño por nacer, se trata de verlo, de presenciarlo, escucharlo, grabarlo y luego compartirlo por las redes sociales; todo esto,  a partir de la imagen en la pantalla y a través de los gestos del médico ante dichas imágenes.

La pregunta a hacerse, entonces, es por el investimiento libidinal que hace la mujer por su nuevo cuerpo y por el cuerpo de su hijo en gestación.  Es una pregunta por el goce que se vehicula en este estado de embarazo y que habrá que interrogar en cada caso, si se trata de un goce fálico que llena y completa a la madre, haciéndose una con su hijo en gestación,  o si  en ella hay cabida a algo del orden del goce femenino, goce Otro, que descomplete y libere al niño de su posible condición de tapón para la subjetividad de la madre. 

El parto

El nacimiento del hijo introduce para la madre una ruptura con ese estado anterior.  La cuestión, en la singularidad de cada caso, será qué incidencia tiene la presencia real del cuerpo del niño vivo con sus gestos, sus reacciones, sus movimientos en la interpretación que la madre hace de los mismos y en su organización libidinal. El cuerpo real del niño viene a ocupar un lugar en las representaciones simbólicas de la madre, pero también ocupará un lugar como objeto de goce. De alguna manera, las costumbres más o menos ritualizadas de acuerdo al contexto cultural que acompañan al nacimiento, son una manera de nombrar ese tránsito entre el hijo del embarazo y el hijo recién nacido. 

Que la madre pueda introducir una separación en su propia subjetividad entre el niño que ha ocupado un lugar en su fantasma y en su goce durante el embarazo y el niño presente como cuerpo viviente que interactúa con ella, depende de qué tanto ella misma esté en una posición femenina que le permita asumirse como No-toda, dividida entre madre fálica y mujer.  

Algunas mujeres dan testimonio de cierta depresión postparto temporal que da cuenta de un duelo por la separación del objeto que introduce el nacimiento y el enfrentarse a lo vivo del cuerpo de su hijo, así como a los propios cambios corporales. En otros casos, ubicados en el campo de las psicosis, lo que se observa es propiamente desencadenamientos ante la imposibilidad de asimilar, con el parto, la ruptura y la separación de un objeto hijo que ocupaba la función de dar existencia a La mujer en la subjetividad de la madre. En estos últimos casos, el agujero de la forclusión pareciera imponerse de nuevo sin posibilidad de dialectización. En estas circunstancias particulares, se trataría de casos donde tendríamos que quitar el signo de interrogación y hablar de locura materna.
 


EJE 2: Estrago materno

"Estrago materno bajo transferencia".
Por: Julieta Ravard. Miembro NEL-Caracas
 



"Estrago materno bajo transferencia".
Por: Julieta Ravard. Miembro NEL-Caracas

El recorrido del trabajo en carteles ha permitido  investigar sobre el tema del Estrago materno en un trabajo epistémico desde lo particular tomando la bibliografía - tan bien recogida por la comisión- a partir de las referencias freudianas y otras, que permitieron  despejar y abrir muchas preguntas.

Mi interés ha estado colocado en  la particularidad del vínculo madre-hija y su incidencia en la relación de una mujer con su propia maternidad y su femineidad. Las consecuencias para la clínica y su tratamiento en transferencia: por una parte las dificultades  para el manejo del vínculo amoroso y sus declinaciones, por otra parte una pregunta: si en todo final de análisis hay que vérselas con el goce femenino  en tanto no-todo fálico ¿tendrá también que vérselas con este goce estragante, como algo universal?

¿Cuándo entonces esta relación madre-hija se convierte en una relación que daña al sujeto en su subjetividad, en su relación a su cuerpo, en sus vínculos más íntimos? 

El pasaje por la castración, separación del objeto y su relación a la falta,  se transforma en una compleja operación donde lo que emerge es el exceso, no la falta, y la relación al objeto de la pulsión oral sin límite. Señal de una operación muy precaria de la metáfora paterna que pondría un límite al goce materno voraz, dejando al sujeto tragado por el Otro. No se efectúa una función de privación, queda no un resto sino un más: una niña es-tragada  que no se circunscribe a una posición  fantasmatica, sino a su más allá.

La pareja estragante-estragado se desplaza a las relaciones con el otro. En el análisis se repite en la transferencia  algo del orden de lo feroz. Conducir un tratamiento entonces que permita la posibilidad de la pregunta ¿qué desea? sin que ello implique quedar devastado, es producir un acto que maniobre sobre esta relación donde impera lo violento y donde hay  una particular fragilidad  al quedar atrapado en la Demanda del Otro, del capricho o voluntad,  de la que no puede separarse.  Si una madre no desea, solo satisface la necesidad, deja al sujeto respecto al deseo en una opacidad respecto a sí mismo y  enfrentado a un goce sin límites: a ese Otro materno que no desea nada que sigue la ley caprichosa de su voluntad.

En la constitución del  sujeto se ha producido en la pareja madre-hija, una relación cuya consecuencia ha sido un  profundo daño en lo más íntimo del ser, en momentos muy tempranos, pre-edipicos,  que revelará  dificultades severas en la constitución de la imagen corporal y el tratamiento de lo imaginario y en el grado de perturbación sintomática respecto a su cuerpo (síntomas de anorexia, bulimia, pasajes al acto son frecuentes)

 Si el Deseo de la madre no se produce como operación lógica, no logra circunscribir lo real para dar paso a la simbolización de la hija, esta no tiene existencia entonces sino para su propio goce. Se puede decir que no la coloca ni en un lugar fálico, de deseo, ni tampoco de objeto de su fantasma (como en la psicosis) Solo no desea sino sostener una relación hostil, de desamor, de profundo desapego con esta hija objeto imaginario, con el que se puede hacer lo que venga en gana.

Hay que distinguir entre este goce alocado, sufriente, en el estrago, que produce devastación incluso porque arrasa el deseo; y lo que sería el goce femenino, ese otro goce no-todo fálico que permite el vinculo al objeto y al significante de la falta en el Otro. En el sujeto del estrago se trata del  goce ligado al objeto de la pulsión, del sin límite, del arrebato, que no logra tener un buen encuentro con lo femenino y este otro goce, para poder desear. 

La clínica es la que nos enseña cómo un sujeto en esta relación estragante puede construir otra cosa al hacerse responsable como hablanteser de su goce.

 

 



DialogArte
 

"Arkangel: angustia y goce de una madre"

Por: Carolina Puchet Dutrénit. Miembro NEL- Ciudad de México
 

Mi interés por la relación entre maternidad y perversión surgió viendo el capítulo Arkangel de la serie de Black Mirror. La trama nos enseña a una madre que ha decidido ser madre sola. Desde la escena de su nacimiento, la preocupación por la hija, se muestra como algo un poco excesivo. Esto queda más claro cuando, más adelante, la niña tendrá unos cuatro años y la lleva al parque. Ahí se encuentra con una amiga con la que comienza a platicar, es así que la pierde de vista por pocos minutos. En el momento que la llama se percata que ya no está en el parque. Su preocupación es tan grande que no escucha a los otros, hasta que la niña aparece. 

Después de que sucede esto, la madre decide ponerle un dispositivo en la cabeza que le permite saber qué ve, oye y dónde está en todo momento por medio de una tableta. El aparato, que aparece como algo experimental, le permite incluso ponerle un filtro a las cosas que la niña ve y oye si sus niveles de serotonina se ven alterados. Es decir, si la niña se estresa por alguna situación. 

Si bien es cierto que su decisión sobre colocarle el dispositivo comienza por un temor de haberla perdido y en ese sentido se explica como algo que la mantendrá segura, el capítulo enseña cómo el mirarla todo el tiempo a través de la tableta se convierte en algo de lo que la madre goza. Mirarla para esconderse y así jugar a que la encuentre, mirar el GPS para corroborar que ha llegado a la escuela, mirar qué dibuja y decirle cómo hacerlo, mirar cómo están sus niveles de serotonina para activar el filtro de lo que la niña ve u oye y así bajarlos. Mirarla, más allá de su seguridad, de su bienestar, enseña la satisfacción de esa madre como un sujeto que goza mirando, en este caso a su hija. 

¿Qué pasa con el deseo de esta mujer? Que no lo vemos, el capítulo no nos muestra una mujer que desea. Vemos una madre colmada por el objeto que mira, la hija, pero no vemos que esa hija la divida. Miller  sostiene, que si hay una mujer en la madre entonces su deseo debería apuntar a otras cosas más allá del hijo, que el hijo no sature la falta para que ella pueda desear como mujer. Es decir, que el hijo debe también dividir, no solamente colmar. 

Una mujer que decide tener un hijo sola no tiene aparentemente a un otro, sea un hombre u otra mujer, a quien ofrecerle su amor. Parecería que el hijo, en este caso, deviene más claramente como un objeto que colma, que vela lo insoportable de la falta. Podríamos pensar que el caso de esta madre, es una solución de lo femenino muy freudiano. Entendiendo que una de las posibles salidas de la mujer hacia lo femenino es la ecuación pene=hijo, es decir, el ser madre permite acceder a la feminidad, obteniendo así el falo y dándole la vuelta a la castración. 

Sin embargo, desde nuestra orientación y siguiendo lo que Lacan sostiene, detrás de toda madre hay una mujer. Es así que la sustitución del hijo como falo no resuelve la cuestión de la feminidad en una mujer. Incluso la maternidad puede ser el rechazo hacia la feminidad.

La madre de esta niña aparece como una toda madre, siempre pendiente de los niveles de serotonina de la hija, procurando que la hija no se angustie, que no se enfrente a la agresividad de los otros. Se podría pensar como un verdadero amor materno, eso que se dice comúnmente: "haría cualquier cosa por mi hijo, para que no sufra". 

Pero el hijo cuanto más colma a la madre, más la angustia, porque se devela que no hay falta de la falta. Es en la madre angustiada, donde podemos ubicar, a esa madre que no desea como mujer o lo hace poco o mal. "Se le suele negar la perversión a las mujeres, porque la clínica reserva a los hombres la alienación de su deseo o la encarnación de su causa en un objeto fetiche. Pero eso sería no ver que la perversión es, en cierto modo, normal por parte de la mujer: es lo que se llama amor materno, que puede llegar hasta la fetichización del objeto infantil."

En el capítulo más adelante, aparece una escena donde la niña, encuentra a un compañero varón en la escuela que está viendo una pelea en una tableta. En cuanto ella se acerca y quiere verlo, el filtro entra en acción y es imposible para ella ver la escena. Ella le pide a su compañero que se lo platique y en seguida deja de escucharlo claramente. Ella quiere saber pero la madre, por medio del filtro, no se lo permite. 

El capítulo enseña cómo la posición de esta madre absolutamente colmada por el objeto que representa su hija termina por tener efectos agresivos en la hija. La niña regresa a su casa y comienza a dibujar escenas violentas, el filtro nuevamente se le impone. El amor materno, la preocupación constante de que la hija no sufra, no es transmitido como amor, como protección, sino como algo que no le permite elaborar desde lo simbólico y termina por ponerse en el cuerpo. La niña termina cortándose para sentir la sangre. 

Aun cuando exista una madre colmada que haga de su hijo un objeto fetiche, Arkangel, nos enseña que el hijo como sujeto también decide sobre lo que la madre le transmite. 

En el caso de Sara, vemos que hay un primer momento donde se posiciona como objeto de la madre. Consiente a ser mirada todo el tiempo hasta que en un momento eso ya no es así. El encuentro con su compañero varón viendo la pelea le abre la posibilidad de preguntarse otras cosas, más allá del objeto de la madre, hay un sujeto. Y es aquí que aparece un tercero, un psicólogo que sugiere ya no usar la tableta para mirar a la hija. La madre por un tiempo consiente a esto, hay un límite al goce. 

Cuando aparece la sexualidad en la adolescencia de Sara, la cuestión se torna más complicada porque ya no hay el consentimiento de la hija a ponerse en posición de objeto para ser mirado. A partir de ese momento, hay una joven mujer que enseña que desea a un hombre. Es así que la madre se ve confrontada con sus dificultades para saber hacer con su feminidad.

Notas
 

 Miller, J.-A. (2005). "El niño, entre la mujer y la madre", Virtualia Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana. Año IV, Número 13, Junio/Julio.  

 

 


Acompañamiento musical
 


"Para ella soy siempre un niño..."
Tema: Madre hay una sola de Carlos Gardel
Por:  Edgar Vásquez. Asociado NEL-Ciudad de México
 

Dentro de la tradición musical rioplatense el tango es, sin duda alguna, el referente por excelencia, género creador de "un turbio pasado irreal que de algún modo es cierto / un recuerdo imposible de haber muerto / peleando, en una esquina del suburbio", como lo describiera Borges. En el tango la mujer -su amor, la pérdida del mismo-, es una figura destacada en la construcción y narración de ese espacio ficcional que, por otra parte, tiene un carácter fuertemente identitario.

En su vertiente más tradicional es difícil encontrar en sus letras mujeres que no pertenecieran a una de dos categorías: las madres o las milongueras, es decir, las mujeres de los lugares bailables. Disyunción bien descrita por Freud al hablar de la generalizada degradación de la vida amorosa típicamente masculina: por un lado la mujer amada, siempre decente y cuyo arquetipo encarna la madre; por otro, la mujer liberada habitando un goce indiscernible y por ello inexplicablemente deseada.

En ese sentido, figura de la madre en el tango aparece como dadora de vida, resguardo, bondad, redención, consuelo y protección, pero siempre con un carácter ilimitado, incondicional. La figura de la madre también aparece por desplazamiento ligada al hogar, al barrio y se continúa entonces hasta la nostalgia de la infancia perdida, a la evocación de un pasado pretendidamente grato. 

En Madre hay una sola, interpretada por Carlos Gardel, se narra la historia de alguien que después de una errática vida, y que se encuentra "pagando viejas locuras", decide buscar consuelo en su madre en "aquellas hondas ternuras / que abandonadas dejé". Concluye con la invocación de un pasado que no será más, pero en cuya fantasía la madre funge como soporte "para ella soy siempre un niño, benditas sus canas, bendito su amor".

 

https://www.youtube.com/watch?v=sAbmFIdd9JM 


 


Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano
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